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Retrato de Reynel Alonso Bertiz González

Reynel Alonso Bertiz González

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«Un buen padre, un gran amigo y un hombre que hizo de las cosas sencillas sus grandes momentos»

Su historia

La vida de Reynel Alonso Bertiz González se puede contar a través de aquello que verdaderamente lo hacía feliz: sus hijas, su nieta, su familia, sus amigos, la música, la buena comida y el calor de un hogar. Era padre de dos queridas hijas: Victoria Bertiz, de 16 años, y Catalina Bertiz, de 26 años. Sus chicas ocupaban un lugar fundamental en su corazón.

Le encantaba consentirlas y procurar que estuvieran bien. Tenía esa hermosa preocupación de generar para ellas espacios calientitos y acogedores, lugares donde pudieran sentirse protegidas, cómodas y, sobre todo, en casa.

También disfrutaba profundamente estar con su nieta, regalonearla y compartir esos pequeños instantes familiares que terminan convirtiéndose en los recuerdos más importantes de una vida.

Las pequeñas cosas que hacían feliz a Reynel Reynel disfrutaba de placeres sencillos: ver fútbol, regar, compartir con sus amigos, fumar, dormir una buena siesta, besar, abrazar, reír y estar junto a quienes quería.

Le gustaba ser limpio y ordenado. También tenía una característica que seguramente seguirá provocando sonrisas entre quienes lo conocieron: inventaba palabras. Expresiones propias, de esas que terminan formando parte del lenguaje de una familia porque inmediatamente recuerdan a quien las decía. Reynel disfrutaba mucho de comer rico. Uno de sus platos favoritos era el puré con bistec. Pero también encontraba felicidad en algo tan sencillo y hogareño como un pan con mantequilla acompañado de un tecito. El Rey de las tortas y los postres, le encantaban los dulces. Reynel era el Rey de las tortas y los postres. Música a todo volumen La música también fue parte importante de su vida. Le encantaba poner fuerte las canciones de su querido tío Zalo Reyes y cantarlas. Aquellas canciones seguramente hoy tienen otro significado para su familia: basta escuchar una melodía para volver, aunque sea por unos minutos, a algún momento compartido con Reynel.

Y había otra pasión que podía disfrutar una y otra vez: Las películas de Rocky. Podía ver sus películas mil veces y seguir disfrutándolas como si fuera la primera. Porque así era Reynel. Un hombre capaz de disfrutar nuevamente una canción conocida, una película que ya sabía de memoria, una comida sencilla, una conversación entre amigos o una tarde tranquila junto a su familia.

Su verdadera riqueza Pero detrás de todos esos gustos estaba lo verdaderamente importante: su capacidad de querer. Quería ver felices a sus hijas. Quería consentir a sus chicas. Adoraba a su Nieta, Quería disfrutar de su MIA AMELIE Quería compartir con sus amigos. Quería reír, cantar, comer rico y disfrutar de su hogar. Y quizás esa sea una de las formas más bonitas de resumir su vida. Fue el mejor amigo, padre, pareja y sin duda, el mejor Tata que su Mia Amelie pudo tener y que recordará para toda la vida. Porque cuando alguien parte, descubrimos que los recuerdos más grandes muchas veces estaban escondidos en las cosas más pequeñas.

Un puré con bistec., Un pancito con mantequilla y un tecito., Una canción de Zalo Reyes sonando fuerte., Una película de Rocky vista por enésima vez. Una torta preparada con cariño. Una palabra inventada que todavía hace reír. Una siesta, El jardín recién regado, Un beso. Una conversación con los amigos. Y ese espacio calientito y acogedor que siempre quiso construir para sus hijas. Todo eso también es Reynel. Porque una vida no desaparece cuando quedan historias para contar.


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